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viernes, 31 de octubre de 2014

Hay esperanza

Hoy cumplo 11 años...

... y me parece increíble todo lo que me ha pasado en poquito más de una década, una década que parece que me haya caído de regalo -y los regalos hay que valorarlos, disfrutarlos, aprovecharlos. 




En el verano de 2003 me llevé el susto más grande de mi vida: me diagnosticaron un cáncer de ovarios. Aún recuerdo ese instante atroz en el que, después de varias pruebas para estar completamente seguros de todo, me confirmaron que sí, que tenía un tumor maligno. Tuve que pedirle a la doctora que me dejara quedarme un ratito llorando en su consulta, porque no tenía fuerzas para levantarme y salir al mundo. Luego llegó otra experiencia aún peor, darle a mi familia una de las peores noticias que puede contarse a alguien. Y las pruebas pre-operatorias, pensando que estaba echando una carrera contra-reloj ¿y si llegábamos demasiado tarde? Al fin y al cabo, los médicos no eran nada positivos. 

El 31 de octubre de 2003 llegó y pude pasar por quirófano. A partir de ahí empezó una nueva fase en mi vida: esperar a los resultados, la quimio y sus efectos secundarios (los más visibles: la caída del pelo, los kilos de más... y los menos evidentes, pero que aún siguen notándose), la gente que se va y la que se queda, los miles de pañuelos de colores -y cuando estaba lejos de los más cercanos, los que pudieran sufrir al verme, la cabeza al aire-, los "exámenes" médicos -primero mensuales y luego cada vez más espaciados- a los que pensaba que nunca me acostumbraría... 

Pero aquí estoy, rompiendo pronósticos, once años después. Ha sido un período tremendo, de dolor, rabia, incertidumbres, miedos y angustias, de adaptación y transformaciones físicas y emocionales, incluso mentales, pero también de esfuerzos para ser más fuerte que la enfermedad y sus secuelas, de esperanzas y superaciones, primero día a día, luego semana a semana, mes a mes... Momentos en los que la lucha debía hacerse en solitario y otros en los que tenía el bálsamo, el cariño y el apoyo de la familia y los amigos que nunca fallaron, de los que estuvieron siempre al pie del cañón. 

En estos últimos 132 meses he reído, llorado, gritado, soñado, amado, abrazado, besado, leído, aprendido, cantado, bailado, andado (mucho)... he cambiado de casa y de trabajo, he descubierto una nueva pasión (la enseñanza), he seguido disfrutando de mi profesión, he viajado, he subido en helicóptero, he descubierto lugares nuevos, he vuelto a esos pequeños paraísos que me dan tanta vida, he perdido amigos pero ganado otros, he conocido a gente excepcional, he empezado el Camino de Santiago, he vivido aventuras, he probado nuevos platos y degustado nuevos vinos, he intentado disfrutar de la vida de otra forma, he abierto mi mente, he intentado ganar tiempo para mí, he tropezado, me he levantado... pero, sobre todo, he vivido y confirmado que #HayEsperanza 


A pesar de que sigo cometiendo errores (¿quién no?), continúo avanzando en esto de intentar vivir y sigo apasionándome, soñando y luchando por lo que merece la pena. 

Me queda mucho camino, pero estoy dispuesta a seguir recorriéndolo con las mismas ganas. Y, por supuesto, he decidido poner mi granito de arena para que se siga investigando y desarrollando nuevos fármacos, nuevos tratamientos, para #VencerelCancer

martes, 23 de septiembre de 2014

Samsara, Laura

Laura es una de las personas más sabias que conozco, junto a la que se aprende a afrontar la vida, rota mil veces, y a empezar otras mil de nuevo. A vivir con los sentimientos como timón. A dar sin esperar nada a cambio, a perdonar, a mantener siempre la ilusión y la confianza.

Con Laura es posible pasar noches durmiendo en el suelo para tener unas horas más de confidencias, dar paseos buscando hoteles baratos que nos permitan disfrutar unos días más en París, ir a la caza del restaurante donde degustar un nuevo plato, reírte con una hamburguesa en sillones de sky rosa, ver obras de teatro vanguardistas -o simplemente diferentes- en las que somos las únicas chicas del público, fotografiar escaparates en las noches urbanas o compartir mesas apretadas con desconocidos / nuevos conocidos en cualquier acera del mundo...

París, Bolonia, Miami, Madrid... con Laura he recorrido las principales ciudades de la moda en piel y no sé dónde nos veremos la próxima vez, qué aventura viviremos, de qué nos reiremos o con qué lloraremos.

Nos acercaron los zapatos pero nos han unido el amor por la misma ciudad; las ganas de aprender y descubrir sin importar la edad o el estado; la capacidad para buscar y disfrutar con pequeños detalles, con momentos, con situaciones; la superación de errores, fracasos, accidentes; la pasión por lo que hacemos en cada momento; la ilusión por seguir avanzando; las largas charlas...

Lo importante con Laura es que, por mucho tiempo que pase, con solo mirarnos a los ojos y abrir la boca el tiempo, la distancia, las diferencias se estrechan y volvemos a conversar como si hiciera cinco minutos desde nuestro último encuentro.

Laura me ha enseñado a levantarme, a superar los miedos, a vivir con sentimientos, a dar amor por muchas heridas que hayamos recibido, incluso a perdonar.

Hace mucho ya que el destino no nos ha permitido cruzarnos una vez más pero espero que pronto podamos disfrutar de algún momento robado al reloj para volver a escaparnos de nuevo a nuestra ciudad dorada, visitar exposiciones, hacer alguna locura y conversar como solo se puede hacer cuando hay amistad de verdad.

Samsara, Laura. 


jueves, 31 de julio de 2014

Cabezas vs corazones

A veces el día a día te va arrastrando, el tiempo se comprime (o las "tareas" se multplican) y poco a poco vas dejando de hacer muchas cosas... primero las echas de menos con frecuencia pero, poco a poco, su recuerdo se va diluyendo hasta que llega un día en el que apenas piensas en ello.
Pero, de repente, una frase te hacer recordarlas y vuelves a buscarlas y te preguntas qué te ha hecho abandonar eso que tanto te gustaba.
Y, recuerdas que tienes un lienzo en el que volcar todo lo que te bulle en la cabeza y que, habitualmente, no tienes forma de compartir (algo a lo que Stirga volverá en otro momento).
Así que vuelve al mirador de Stirga con algo que me lleva rondando varios días: ese enfrentamiento cabeza vs corazón, corazón vs cabeza, a la hora de hacer cualquier cosa.
A priori, siendo alguien que se empeña en darle vueltas a las cosas, en intentar racionalizar todo, en buscar motivos, analizar efectos, perfilar resultados... está claro que prefiero dejarme llevar por la parte más racional.
Pero, como también me apasiono con lo que hago, no puedo evitar en otras ocasiones dejar que sea el corazón -o el instinto- quien marque mis pasos.

Pero también hay momentos en los que dudo sobre cuál debe ser el motor: el corazón o la cabeza.

Y me vienen a la memoria elecciones erróneas -mías y ajenas-. Y me reafirmo en otras decisiones que volvería a tomar -o que me parecen acertadas en otros-.

Y justo entonces leo que se debe soñar con la cabeza y no con el corazón. Y ahí sí que disiento: deberíamos soñar siempre con el corazón y luego, a la hora de decidir, usar la razón -a veces-. ¿Cómo si no podríamos descubrir, atrevernos, avanzar, innovar, progresar, crecer...?.


lunes, 15 de marzo de 2010

Lo que se esconde tras los nubarrones

A veces, en medio de los más oscuros nubarrones, asoma un rayo de sol. Aunque puede que no lo sea realmente, sino apenas un reflejo, un sueño o una ilusión, pero parece que brilla igual.
Puede ser la solución a un problema, una buena noticia que se abre paso y atraviesa el cielo de las preocupaciones, o simple predisposición a sonreír, a ponerle al mal tiempo buena cara, a tomarse con tranquilidad las tormentas y escrutar entre la negrura en busca de cualquier cambio de tono para identificarlo como un rayo, avanzadilla de lo que pueda venir, de lo que deseas que llegue.
En realidad, no es más que esperanza, deseos sin los que sabes que es imposible que la primavera le gane la batalla al invieno. Que llueva, que llueva, no me importa, que así se alimentarán los troncos antes de florecer. Que sople el viento, para llevarse el polvo. Déjame por una vez pensar que tras la tempestad vendrán tiempos de calma. Que el gris siga dominando, que así brillará más la luz que se esconde -por tenue que sea-, ahora aún se está recargando detrás de las nubes. ¿No deseas que se encienda? ¿No ves cómo empieza a despuntar?

viernes, 19 de febrero de 2010

Los cambios

Cuando empecé en esto de la blogosfera había ya voces que decían que como todo sería algo pasajero. Y yo pensaba que no, que cómo iban a ser pasajeros los blogs... ahora, unos cuantos años después, tengo que darles algo de razón (algo, que no toda).
Y es que no son sólo las estadísticas que dicen que muchos lectores -y autores- de blogs se dedican ahora a otras cosas (sobre todo los más jóvenes). También yo he notado un gran cambio en mis hábitos. Sigo leyendo blogs, sí, pero de otro tipo. Llevo sin escribir siglos en éste, tengo medio abandonados los más profesionales, y dedico mucho más tiempo a otras cosas (sí, yo también he caído bajo el influjo de twitter).
Pero creo, más bien, que es una cuestión de prioridades, de momentos en la vida y, también de falta de tiempo fruto de la pluriactividad. Hay épocas en las que destinas más horas a disfrutar y compartir tus impresiones personales, hay otras en las que le das más cancha al aprendizaje y el intercambio profesional. Y cuantos más medios, más herramientas descubres, más quieres explorarlas y sacarles todo el jugo. Al final, las horas del día son las que son y, entre tantas opciones, tienes que seleccionar a qué las dedicas.
A veces pienso que hacemos demasiadas cosas, vamos con demasiadas prisas... otras que quiero más horas, más minutos, más segundos, que hay demasiado por explorar, experimentar y vivir y que me estoy quedando atrás: llego a un porcentaje mínimo de todo lo que quiesiera leer, escribir, escuchar, ver, probar, sentir....
Ansiedad, al final acabo con ansiedad y tengo que salir a dar un paseo, levantar la vista, mirar las nubes y dejar que el silencio me envuelva mientras intento vaciar la mente de esos pequeños mensajes que me recuerdan que tengo abandonada Stirga, que no he llamado a alguien, que debería estudiarme el libro que me bajé ayer, que me quedan mails por contestar, que hace siglos que no subo a la sierra, que ya no recuerdo cuándo fue la última vez que me tomé una copa, que de dónde voy a sacar el tiempo para ir a Mali, que debería hacer una nueva ronda de contacto con los "contacto" (valga la redundancia) de interés profesional....
Silencio, que el silencio me envuelva, que mi vista se pierda entre las nubes, que los cambios no son malos, que los buenos hábitos pueden no perderse... como prueba, hoy: pensando en cerrar esta página de forma definitiva, me he puesto a escribir de nuevo, sin pensar, sin revisar (y qué buen efecto tiene, como siempre).

viernes, 10 de julio de 2009

Vuelvo (o eso espero)

Hoy he dedicado un rato a leer algunos de mis blogs favoritos (a los que, lo reconozco, he tenido un poco abandonados últimamente) y he sentido pesar y hasta un poco de vergüenza por haber abandonado la sana costumbre de escribir aquí y visitar a diario las página personales que tanto me gustan.
Llevo un año muy centrada en esto de la web 2.0 pero en el aspecto más profesional. Sólo he escrito -y mucho- en los blogs de trabajo, en las redes sociales, en páginas sobre comunicación... He buscado documentación, he hecho cursos, he aprendido y compartido muchísimo, en todas partes menos aquí.
He dejado de lado el aspecto más íntimo de Stirga y las bitácoras que le gustan. Y me gustaría dar una vuelta de tuerca para sacar el tiempo necesario para seguir alimentando esta página en la que sólo lo personal importa y la que, a la postre, me devolvió muchas ilusiones y pasiones.
Vuelvo con ganas -y espero seguir-.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Secretos regados con champagne

Hoy voy a dedicar un post, que es algo que no suelo hacer, pero algunos de mis duendes se lo merecen.
Nacho es uno de los que me escuchan con paciencia, me hacen reír, me hablan en confianza, me muestran sus dudas, miedos e ilusiones, me cuentan sus proyectos, sus esfuerzos y algunos secretos.
De los que ponen su hombro para recoger mis lágrimas, leen mis palabras, están atentos a mis locuras, me recomiendan libros y películas, muestran caminos con toda la precaución de la que es un maestro y, también, me animan a escribir y a perseguir mis sueños.
No tengo fotos de fuegos artificiales, que es lo que me gustaría poner en este momento, pero bien vale ésta, de árboles iluminados, secretos escondidos tras sus copas, y sueños de verano.
Porque me alegro tanto de oírte así, de verte así, de saberte feliz. Porque te lo mereces... lo celebraremos con cerveza, Tattinger, visitas pendientes a exposiciones, libros, películas, conciertos, horas de teléfono, caminatas de 5 minutos o más (venga, que tú puedes), comidas en una terraza en La Latina, paseos con brújula y todo lo que nos guste.
Mil besos Nachito (pd. empiezo a estudiar para el examen)

La Naturaleza habla

"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha"
Víctor Hugo


Y no voy a dar una charla sobre el agujero de la capa de ozono, la inconsciencia de no cuidar nuestra casa natural, el reciclaje, los incendios.... Si ya sabéis lo que opino.
Además, la naturaleza, nos recuerda lo importante que es el paso del tiempo: cómo se necesita tiempo para modificar el curso de los ríos o la forma de las montañas.
Y que por duro y rígido que nos parezca algo, no hay nada que ese mismo tiempo no pueda curvar, modelar, modificar, redibujar... La piedra más dura es un cúmulo de capas que el paso de los siglos es capaz de retorcer, trabajándola como barro maleable hasta transformar su aspecto por dentro y por fuera.

Sólo hay que pararse a escuchar lo que nos dicen, la Naturaleza y los demás, y tomarse el tiempo que haga falta para dejarlo entrar y que haga su trabajo en cada una de las múltiples capas.

Y, sí, la foto es un corte en la roca que me he encontrado en uno de mis últimos paseos por el campo, tratando de ver y escuchar... El tiempo ha hecho su trabajo, ha cambiado, borrado y alisado, pero no ha logrado borrar la memoria.

(Capas de piedra y pizarra en la base que sujeta las ruinas de un castillo templario, pero ésa es otra historia de mis historias)

miércoles, 23 de julio de 2008

The River "of Joy" (Madrid, 17 julio 2008)

Cuando hice esa lista de cosas que nos reconcilian con la vida, esos instantes en los que somos plenamente felices, me refería a momentos como éste, cuando el sonido de una harmónica es capaz de transportarte a la estratosfera. Eso es puro gozo.

The River y 27 joyas más para guardar en la memoria.

3 horas de felicidad plena (más la expectación de antes, más los cientos minutos paladeando el recuerdo de después) gracias a uno de mis monstruos favoritos.

Cada cita es única, mágica y prácticamente perfecta.

Impaciente por que llegue la próxima.

Pletórica por haber podido estar en una más.

miércoles, 16 de julio de 2008

...Y la distancia es perspectiva

Y buscando luz o nuevas oportunidades, he ido a tentar a la suerte a una ciudad al otro lado del mapa, entre el mar y la montaña, de calles ordenadas y tranquilas, de largas playas de arena y arquitectura para soñar, políglota y ¿cosmopolita?, de libros y semejanzas francesas... una ciudad que debería ser como a mí me gustan las ciudades.
Curioso pero, por una vez, me di cuenta que, en comparación, también Madrid tiene cosas buenas y otras esconden defectos, que no todo es estresante, sofocante y sofocador aquí, que a cierta distancia se ven mejor las virtudes . Por una vez no volví enfadada.
Aunque también volví a sentir que me iría de nuevo, si hiciera falta al fin del mundo, en busca de un sueño.
Y de paso disfrutar de lo bella que es la perspectiva desde la distancia.

Sobrevivir es cuestión de perspectiva

Hay veces que una se siente pequeña, muy pequeñita, una micronésima parte de una molécula frente al Universo. Miras a tu alrededor y todo tiene dimensiones extraordinarias.
Avanzas con precaución esquivando a los gigantes que pasan a tu lado sin verte, con paso rápido, ajenos a tu existencia, y a punto de aplastarte con cada pisada. Aunque intentes hablarles no te oyen, el sonido de tu pequeñas cuerdas vocales no llega tan alto, o puede que estén en una longitud de onda que sus oídos no puedan captar.

Te asomas a puertas que por mucho que empujes no puedes mover ni un milímetro. Toneladas de madera, hormigon, acero, cristal que tus débiles músculos son incapaces de empujar.

Levantas la vista hacia escaleras de peldaños que son cimas inaccesibles, como los "ochomiles", imposibles de escalar -menos aún para una minúscula criatura que apenas levanta una pulgada del suelo y mucho menos es alpinista-.

Oteas un horizonte de calles kilométricas, que se prolongan hasta el infinito, sin que se adivine la meta y cuyo recorrido puede llevarte una vida. Te quedan millones y millones de tus pequeños pasos por dar, bajo un sol abrasador que en cualquier momento puede transformarte en una pequeña gota invisible para el ojo humano.

Te encoges temerosa bajo la sombra de esos colosos con nombre de paredes pero forma de barrera infranqueable que amenazan con desplomar sobre tí sus miles de toneladas.

Pero aún así, tienes que seguir caminando sobre el asfalto recalentado, esforzándote por dar pasos más largos; aprendiendo a escalar y a buscar cualquier resquicio en la roca para apoyar tus pies; forzando los músculos para intentar abrir puertas -aunque sólo sea un milímetro, total, con tu tamaño cabes por cualquier hueco pequeño-; entrenándote para esquivar las pisadas que puedan aplastarte; aprendiendo a buscar cobijo y descanso en los defectos de la calle; y alzando la vista sin miedo frente a los muros: si estiras bien el cuello, pero bien, bien... podrás ver las hojas de los árboles, no sólo los troncos, y las nubes, el azul del cielo y las estrellas.

"La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir."
Gabriel García Márquez

martes, 15 de abril de 2008

Felicidad pura

Varios medios han publicado estos días que el cerebro humano no está "diseñado" para ser feliz. ¡Qué descubrimiento! ¿Eso quiere decir que no es que yo no sea capaz de lograrlo? ¿Que no tengo que preocuparme más?... Interesante... Sin embargo, hoy he tenido ganas y motivos para escribir de nuevo después de mucho tiempo.
Mi amigo Nacho me ha enviado un e-mail con un enlace a uno de esos juegos tontos que pueden convertirse en adictivos (lo siento, éste no me ha gustado) y me ha hecho recordar otro juego bobo que nos provocó hace mil años un ataque de risa impresionante (lagrimones incontenibles, carcajadas insilenciables... era mirarnos los tres y volver a estallar), un momento de felicidad plena e incomprensible.
Y, como un hilo, he ido recordando otros instantes así, de pura felicidad en situaciones que pueden parecer banales pero que, por un cúmulo de circunstancias (la compañía, el lugar, los sonidos, los olores, la luz....) se unieron para convertirse en pequeños diamantes, perfectos, congelados en el tiempo, inolvidables.
Recuerdo una sobremesa en una terraza bañada por el tibio sol de Semana Santa; una vuelta a casa en coche, por la noche, cantando y riendo como si hubiésemos descubierto el mundo en una isla tranquila; un paseo en tranvía con la adrenalina bombeando mis venas mientras borraba el pasado; una puesta de sol inesperada frente al océano; un descanso imprevisto en una "playa" urbana escondida; un paseo tranquilo en una tarde fría; una tumbona desde la que lo único que hay que hacer es dejar pasar el tiempo y observar esa cubierta de nubes, ramas y estrellas; un alto en el camino en un parque dominical; una conversación inesperada; unos fuegos artificiales; una lluvia sin paraguas... Con un único nexo común: por un tiempo fui tan feliz que me dejé llevar para disfrutar sin complejos, sin miedos, concentrada únicamente en la plenitud del instante.
Y resulta que todos atesoramos pequeños momentos de felicidad, extrema, limpia, auténtica... instantes mágicos que vamos acumulando porque, tal vez, la felicidad no sea un estado permanente, sino una sucesión de pequeños estallidos inesperados que van llenando y enriqueciendo nuestra vida.
Puede que para eso es para lo que no estamos preparados, para ver que no hay que buscar la felicidad absoluta (que probablemente no sólo no exista, sino que sería aburrida y, por tanto, imperfecta) que lo hay que hacer es disfrutar, recordar y valorar esos pequeños momentos.

jueves, 28 de febrero de 2008

Ojos cerrados y corazón abierto

Morir "con los ojos cerrados y el corazón abierto", parece tan fácil, tan lógico, tan... pero en el fondo nos resulta complicado. Nos perdemos en miles de caminos llenos de obstáculos, desperdiciamos el tiempo con naderías, dándole vueltas a las cosas, pensando en qué hacer en vez de actuar, soñando en vez de vivir, lamentándonos en vez de avanzar.
¡Qué difícil resulta contestar a dos simples preguntas, a saber si has sido feliz y has hecho felices a otros; y no vemos que si aún no podemos dar una respuesta afirmativa, aún nos queda tiempo -¿qué importa un día o 30 años?- para conseguirlo.
Pero la realidad es que falta optimismo, determinación, ésa a la que se refiere lo de: "El optimista siempre tiene un proyecto. El pesimista siempre tiene una excusa". Y nos inventamos mil excusas para no seguir por la senda más fácil, más lógica. Nos perdemos por los vericuetos del miedo, los temores, las "obligaciones", las opiniones...
Y es curioso, pero me llega esto cuando estoy recuperando fuerzas, pensando en que yo también tenía una pseudo lista del cubo, de cosas a hacer, en las que ya he hecho (un concierto del Boss y alguna más) en las que me quedan (viajar a Canadá y al Polo, bañarme con delfines...) en las que quiero ponerme a corto plazo (aprender a nadar y bucear) y en las que ya difícilmente podrán ser, el tiempo no perdona y algunas prioridades y circunstancias, además de mis decisiones y dudas, hacen que igual sea ya demasiado tarde. He de reconocer que soy de las que tropiezo con excusas para aún demasiadas cosas y estoy lejos todavía -pero en camino- de poder morir con el corazón abierto... aunque lo de los ojos cerrados, no sé, quisiera manterlos abiertos para seguir viendo montañas, nieve, cielo, estrellas y, sobre todo, mis queridos árboles.

lunes, 25 de febrero de 2008

Vueloooooooooooooooo

He llorado, pero de nervios y alegría, incapaz de mostrar mi felicidad a través de carcajadas. Pero ahí estaba.

Gracias y mil besos a los que han compartido hoy mi alegría, ¡qué mejor que compartir estas noticias con vosotros! Y gracias, en general, a los que os preocupáis por mí, incluso a pesar de mis neuras.

Desplegar las alas y volar

Esta noche no soy capaz de dormir (llevo varios días en los que me cuesta conciliar el sueño) y busco mil formas de dejar desgranarse las horas sin ponerme nerviosa. Leo, veo películas y me paseo por la red.
Estoy inquieta, a pesar de que últimamente tengo la sensación de recuperar mi auténtico yo, algunas de las cosas de mí que me gustan y que habían estado escondidas los últimos años, los últimos meses. Estoy poniéndome en paz conmigo misma y con el mundo. Centrándome en disfrutar lo que me gusta, lo que me enriquece, tanto en cuanto a personas como a actividades. Parece que estoy más acertada a la hora de colocar las piezas del puzle, y convencida de que voy por buen camino para terminarlo. Y contenta por esos duendes que me acompañan y me ayudan a volver a ser feliz.
Pero sigo algo nerviosa y, paseando por mis blogs de cabecera, me he encontrado con que "Belén in Red" ha acertado con las palabras que definen mi estado de ánimo. Una vez más, he descubierto que mis sensaciones no son únicas y que hay quiénes saben pintarlas de forma magistral.
En unas pocas frases ha sabido resumir todas lo que da vueltas por mi cabeza. Estoy a punto de que me digan si he ganado un año más (y van 4) o si tengo que volver a empezar a luchar con tanta m.... Y por eso llevo dos o tres semanas tan intranquila pero intentando disfrutar de otras cosas: entrevistas interesantes, un museo, un paseo bajo la lluvia, comer con las personas más especiales de mi entorno, una película, un día fantástico en la sierra con uno de esos amigos, de los que saben estar, aguantar y hacer reír, una tarde de fútbol (malo, pero...), risas, algunas lágrimas y hasta, también, sueños de futuro, ilusiones, proyectos y ganas de volver a comerme el mundo.
Eso combinado con nervios, desazón, miedo y recuerdos. Una mezcla explosiva pero sé que estoy ganándole la partida a la miseria, orgullosa de lo que he hecho y he disfrutado, agradecida por esas cuatro prórrogas que me han regalado. Tiempo para recuperar una amiga muy especial, para disfrutar algunos viajes fabulosos, para alcanzar alguna meta (mi casa, por ejemplo), para compartir con lo mejor de mi familia (mi madre, mi hermano, mi tío), para conocer algunos amigos maravillosos (no hace falta que ponga su nombre, saben quiénes son y de paso que no me regañen por escribir poco), para jugar con mis niños (Juan, Diego, Jorge...), para aprender a decir que no, a pedir perdón, a pensar en primera persona, a mimarme (de vez en cuando), para recordar cómo confiar, cómo mirar hacia adelante.. aprender, sobre todo aprender.
Sé que queda mucho por andar, que debo quererme más, querer más, mostrarme más, conocer más, escribir más, reír más... en la siguiente prórroga y, si no todo es color de rosa, que si ya lo he hecho una vez, puedo pelearme y volver a salir otra más.
La mariposa quiere desplegar de nuevo las alas y volar con sus duendes.
Estoy bien, pero nerviosa
Me encuentro viva, pero enferma
Soy valiente, pero me tiemblan las piernas
Voy con paso decidido, pero dudo
Tengo miedo, pero estoy tranquila
Estoy preparada, pero indecisa
Me siento bella, pero con ojeras
Tengo la fortaleza, pero mis muros se tambalean
Belén in Red

martes, 5 de febrero de 2008

Cada pieza en su sitio

Una vez más he podido comprobar que en algunos lugares, en determinados momentos, se puede lograr colocar cada pieza en su sitio de este rompecabezas que es la vida. Trocito de cristal a trocito de cristal van ocupando su lugar y todo parece perfecto.
Suena de fondo un saxo y su llanto es, en realidad, un regalo de bienvenida. Cerrar los ojos y dejarse calentar por el bienestar de haber vuelto a casa. Caminar kilómetros con ligereza, recuperando olores, sonidos, sabores... Descubrir otros nuevos que también se convierten en esos cristalitos que van hacia su hueco en la pirámide que se eleva, perfecta, hasta el cielo que refleja el río y el alma de mi pueblo.
Brillan mis ojos -eso me dicen- al repasar cada piedra con la vista, al pisar los senderos de mi infancia, al sentarse frente al lago mientras me dejo acariciar por los pálidos rayos de sol invernal. Destellan mientras descubro lo nuevo y lo viejo en cada esquina, en cada calle, en cada plaza, en cada escaparate, en cada mostrador, en cada vaso, en cada plato.
Sonrío sin darme cuenta mientras paseo mis avenidas, bajo mis castaños, o sigo el borde del viejo río que atesora sonidos, llantos y risas de dos milenios, incluidos los míos. Me muevo, encantada, bajo la mirada benevolente de mi Stirga que cuida desde lo alto de mi casa, para que pueda volver a ser feliz por unos días... eso sí, la próxima vez más pronto. Dos años son mucho tiempo sin volver a casa.

miércoles, 23 de enero de 2008

Tic Tac de ilusiones

Tengo dos nuditos en el alma que, poco a poco, empiezan a desliarse. Ilusiones que se asoman tras la ventana, que muestran su contorno hasta ahora oculto por la escarcha que comienza a derretirse.
Mi corazón ha cambiado el ritmo de sus latidos, tic-tac, tic-tac, suena ahora, porque el tiempo pasa y eso sólo supone dar pasos hacia esas ilusiones.
Coger un avión, subir una montaña, echar una carrera, dar un salto... minucias que estoy dispuesta a acometer.
Tic-tac, tic-tac, a veces el tiempo acaba por pasar y el momento por llegar. Bastaba con mantener la ilusión, con no rendirse y, también, con dejar de lado angustias, nervios y otras preocupaciones. Con centrarse en tres o cuatro cosas importantes y no desesperarse por lo que aún no ha llegado. A veces, si lo deseas lo suficiente, si no te aceleras por intentar asirlo antes de su hora, si no te hundes porque no lo alcanzas, si eres paciente... acabas lográndolo.
Dos nuditos en el alma pendientes de deshacerse. Cerca y lejos los dos, en el tiempo o en el espacio, en el espacio y en el tiempo. Tic-tac, que se acercan al ritmo de la aguja. Uno ya mismo... otro... sigo esperando que sea su momento, pero hoy creo que llegará, antes o después, tic-tac, tic-tac, si dejo avanzar el tiempo a su paso.

martes, 25 de diciembre de 2007

Serenidad

"Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena."

Ingmar Bergman
Es lo que merece la pena del paso del tiempo. Que el cansancio se compensa con la experiencia, para analizar, escoger, guardar lo que importa... Estos días me siento más cansada, más vieja... pero curiosamente más serena. Y, en algunas cosas, cada vez tengo más claro lo que quiero. Sólo me falta saber cómo hacer exactamente para conseguirlo, sobre todo cuando depende no sólo de mí.
Espero que la serenidad siga a mi lado en las empinadas cuestas que se avecinan para el nuevo año.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Gracias por alegrarme el día

Llevo dos días trabajando doce horas, con mucha presión, muchísima... Me he tenido que levantar a las seis de la mañana (con lo que odio madrugar!!!) y mañana y pasado van a ser más o menos igual. He sentido algún momento de pánico, de presión... Es lo que tienen algunos retos, que te dejas la vida.
Pero, a pesar de que se me caen los párpados y me pesan los dedos mil toneladas... estoy flotando. La llamada de un amigo que ha querido compartir conmigo una buena noticia me ha provocado un subidón, me ha recordado que algunas personas tienen que conseguir lo que se merecen, que las cosas pueden ir mejorando y que no hay nada mejor que tener a gente por la que preocuparte, con la que alegrarte y en la que confiar (y viceversa).
En estos momentos sólo puedo decir, yihaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!.
Aunque no vayas a ver esto, ni pueda decírtelo más de viva voz para no agobiarte, tengo que gritarlo:
Gracias por alegrarme el día.

lunes, 8 de octubre de 2007

Rompecabezas

Me gusta hacer rompecabezas. Me tranquiliza concentrarme en ir buscando cada una de las piezas, examinarlas con cuidado y buscar el hueco en el que encajan. A pesar de lo impaciente que pueda ser para otras cosas, puedo pasarme horas y horas buscando, moviendo, girando, probando...

Y a veces tengo la sensación de que la vida, o al menos mi vida, es también como un puzle, con miles de minúsculas piezas que están desperdigadas y que hay que hacer encajar en su lugar. Y, al igual que con al pasatiempo, cuando más complejo, de más piezas... mejor.

Lo que pasa es que, según voy completando el puzle, o al menos grandes partes, es como si un niño travieso se divirtiese en deshacerlo, en mezclar de nuevo todas las fichas, para obligarme a empezar de nuevo.

Y así paso el tiempo, recomponiendo la vida, pieza a pieza, empezando nuevos ciclos. Es duro reconstruir, asusta cada nuevo comienzo, da vértigo asomarse al abismo al que hay que lanzarse.

Pero, igual que cuando se empieza un nuevo juego, se recuerdan las claves que da la experiencia (buscar las esquinas, luego los bordes, agrupar en montoncitos las piezas iguales...), trato de hacerlo sin olvidar lo aprendido, con el corazón y la mente abiertos para absorber nuevas enseñanzas.

Y así estoy ahora empezando de nuevo a montar las piececitas de mi rompecabezas. Iré paso a paso, con calma, procurando terminar áreas pero sin dejar de ver el resto de piezas que quedan sueltas, hasta que un día logre rellenar todos los huecos, encajar todas las piezas y dejar ver la imagen escondida que hay debajo.