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lunes, 15 de marzo de 2010

Lo que se esconde tras los nubarrones

A veces, en medio de los más oscuros nubarrones, asoma un rayo de sol. Aunque puede que no lo sea realmente, sino apenas un reflejo, un sueño o una ilusión, pero parece que brilla igual.
Puede ser la solución a un problema, una buena noticia que se abre paso y atraviesa el cielo de las preocupaciones, o simple predisposición a sonreír, a ponerle al mal tiempo buena cara, a tomarse con tranquilidad las tormentas y escrutar entre la negrura en busca de cualquier cambio de tono para identificarlo como un rayo, avanzadilla de lo que pueda venir, de lo que deseas que llegue.
En realidad, no es más que esperanza, deseos sin los que sabes que es imposible que la primavera le gane la batalla al invieno. Que llueva, que llueva, no me importa, que así se alimentarán los troncos antes de florecer. Que sople el viento, para llevarse el polvo. Déjame por una vez pensar que tras la tempestad vendrán tiempos de calma. Que el gris siga dominando, que así brillará más la luz que se esconde -por tenue que sea-, ahora aún se está recargando detrás de las nubes. ¿No deseas que se encienda? ¿No ves cómo empieza a despuntar?

jueves, 6 de septiembre de 2007

Promesas de jabón

Hay recuerdos que se diluyen en el agua del tiempo. Hay promesas y declaraciones de intenciones que se lanzan al aire como pompas de jabón -bonitas, brillantes pero inconsistentes y efímeras, muy efímeras-. "Te he echado menos", "Sé que he metido la pata, pero lo voy a arreglar", "Necesito oír tu voz, necesito verte", "Te llamo", "Esta semana nos vemos", "Quiero que todo vuelva a ser como antes"... burbujas de jabón que crecen, brillan, giran, flotan en el aire entre el que las lanza y el que quiere recibirlas y... plop, plop, plop, una a una van estallando sin llegar nunca a aterrizar en el mundo real.

La niña que llevo dentro se ha dejado enganchar miles de veces por esas hermosas pompas..., asombrada he visto cómo se forman, embobada he seguido su vuelo, sus lentos e hipnóticos movimientos, ilusionada he contemplado su brillo, el juego de colores al mezclarse con la luz y he creído que eran reales, ciega no he visto que el interior estaba vacío, que eran sólo hermosas formas para entretener al espectador, ayudarle a pasar el tiempo, permitirle disfrutar con unos momentos de ilusión.

Promesas tornasoladas que intentan grabarse en la retina de la memoria antes de estallar en minúsculas gotitas.

Es curioso, a algunas no presté atención cuando se lanzaron al aire, o no las recuerdo, muchas no las he visto explotar y no sé si han ido volando hasta el infinito o tienen algo que ver con esas pequeñas manchas de humedad que forman el estampado de mi vida, testigos de lo que una vez fue importante.